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Viernes de Ruptura en Quito: Antología con Narradores ecuatorianos harán vibrar a la capital con su obra

Posted: 27 abril, 2017 a las 8:02 am   /   by   /   comments (0)

Brillantes Narradores Ecuatorianos presentan en Quito en la Plaza de las Américas, este viernes 28 de abril, a las 18h00, la Antología de nuevos narradores ecuatorianos “NUNCA SE SABE”.

Un espacio para vivir la paradisíaca atmósfera de los sueños hechos realidad a través de las letras e intentar ir más allá del apocalipsis 

Quedan todos invitados a esta experiencia única y como muestra de lo que se viene, dejamos para la posteridad un pasaje de estos mágicos ensueños.

 

Santiago Páez

Todos los cuentos tienen, en su núcleo, al cambio. Si un escrito corto en prosa no muestra un cambio de situación, no nos encontramos ante un cuento sino frente a una estampa, a un ejercicio del costumbrismo en el que se presenta una anécdota en la que el mundo mostrado permanece igual al inicio y al final del texto.

Un cuento tiene que narrar el cambio, en un espacio y en un lapso, de un personaje gracias a sus acciones o a las acciones de otros. Aún en el cuento mínimo de Augusto Monterroso hay cambio: el personaje estaba dormido, despierta y se halla con que el dinosaurio aún está allí. Siempre hay un antes y un después y, entre ambos, una transformación.

Creo que podemos agrupar y entender mejor los cuentos de este volumen si los articulamos alrededor de tres distintas modalidades de cambio:

La idea del cambio como progreso, como desarrollo de la capacidad humana para transformar el mundo, para crecer en lo social o en lo personal y aproximarnos a una felicidad posible; esta idea es propia de la modernidad occidental y está ligada a la noción de éxito individual o colectivo. En la literatura, el gran tema del fracaso hace parte de esta concepción del cambio. Esta forma de cambio –con su connotación de triunfo o derrota- ilumina los cuentos de: Santiago Peña Bossano, Jonathan Álvarez y Jorge Luis Cáceres.

La noción de cambio como lucha atroz contra la muerte, también es occidental y moderna, es fruto de esa repugnancia hacia el retorno a lo inorgánico (que es vista a veces como paz última: recordemos a Rubén Darío “…Dichosos el árbol que es apenas sensitivo/y más la piedra dura, porque esa ya no siente”). Para las culturas tradicionales, en principio, esas divisiones entre vida/muerte o natural/sobrenatural no existen: En los cementerios los indígenas hablan con sus muertos, los alimentan, porque ellos están aquí, (entendiendo este “aquí” como una realidad atravesada por lo que los occidentales llamaría sobrenatural o lo sagrado). Por tanto es sólo para la modernidad que se debe enfrentar muerte (¿exorcizarla inútilmente?) con el cambio. Dentro de esta noción casi mística del cambio, hallamos en este volumen cuantos como el de Adriana Borja, Diana Zavala, Oscar Molina y Sebastián Villagómez.

Para las culturas tradicionales, el cambio es visto como alteración de los fundamentos de esa realidad que involucra lo que para nosotros sería lo sobrenatural, es visto como conmoción de todo lo existente, conmoción absoluta que fluye por los cauces de lo sagrado hasta encontrar un nuevo equilibrio. Estas visiones tan arcaicas, que en otros ámbitos de nuestra vida social aparecen difícilmente, tienen su espacio en el arte, en la literatura; muestra de esto son los cuentos de Franklin Patiño, Sandra Araya, Luis Monteros y José Luis Barrera.

Finalmente, podemos señalar, siguiendo a Umberto Eco, que en la retórica actual (es decir dentro de la retórica de la modernidad) hay dos posibles usos de las nociones del cambio de las que hemos hablado: los “apocalípticos”, que se sienten fundadores de un nuevo orden del mundo y que por tanto actúan (en violencias simbólicas o fácticas) por la deconstrucción de la realidad. O los “integrados”, que pretenden conservar, en los procesos de cambio hacia un orden futuro, componentes que ven como positivos en el orden actual o anterior.

Los textos de esta antología apuestan por el apocalipsis, son todos rupturales, son todos augurio del mundo que vendrá, un augurio que es unas veces oscuro y, otras, de una luminosidad que espanta…

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