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Usar una desgracia para beneficio propio. ¿Vale la pena?

Posted: 7 mayo, 2016 a las 5:33 pm   /   by   /   comments (0)
Muchos dicen que cada uno de los seres humanos cargamos con nuestros propios demonios. 

El ser humano no es perfecto, la bondad y la maldad mora dentro de todos nosotros. Algunos hemos intentado apagar esos defectos y hemos tratado de potenciar nuestras virtudes con la esperanza de que el juicio final nos llegue sin falta (o una acumulación no muy pesada) y esperar la recompensa, llamada salvación, se dice. 

Desde esta mirada deísta y muy poco profunda, podemos apreciar que todos estamos a la espera de 'algo'; la estrategia, a corto o largo plazo, ha sido sembrar para cosechar. 
Si en esa senda, que supone avanzar en calma y sin tropiezos, que no es obra humana sino designio, pasa algo (contrario, duro, negativo), se nos ha enseñado que algo hemos estado haciendo mal. El castigo a alguna 'falta' es inmediato y tampoco es obra humana, es otro designio. Eso sí, la falta es completamente humana. Si es demasiado fuerte, la llamamos desgracia y no queda más que enfrentarla. Y esperar porque el tiempo del alabado es perfecto. Poco importa lo que hagas porque: Dios da y Dios quita. 

Para otros seres, quizá más iluminados, que profesan una libertad espiritual muy mundana, las cosas son vistas desde otra óptica: toda causa tiene su efecto, toda acción trae su reacción, 'el fin justifica los medios' rezaba Maquiavelo. (Este personaje nunca fue tan maquiavélico como Goebbels, Hitler, Mussolini y algunos estrategas de la actualidad). Gran engaño eso de "A Dios rezando y con el mazo dando". 

Podría llamársele 'desgracia' si es fuera del control del humano; podríamos llamarla crisis o fracaso, si es creada por el humano. De estas o de de otras maneras más apropiadas, podríamos decir que este mal suceso sirve para reinventarse, para corregir, para sufrir y levantarse, para llorar y salir adelante. Eso no está en juicio.

El cómo levantarse, paliar los síntomas y sanar es lo que se quiere poner sobre el tapete. Cuando queremos 'salvar los muebles' es cuando buscamos salidas desesperadas a nuestro problema, buscamos por doquier una mano generosa que nos socorra y que ya que no creyó en nosotros en situaciones normales, nos eche una mano o nos colabore por su compasión más que por los atributos que nunca vio en nosotros. 

Esa ayuda 'bendita' debe ser mil veces agradecida porque con ella saldremos del fondo...(ojalá)
Gratitud eterna y respeto absoluto por esos seres de buena voluntad son valores y principios que desde niños aprendimos, aunque eso sea motivo de debate en la actualidad. 

Aquí entran los sentimientos encontrados: si la ayuda viene de otras manos para ser usada con el fin explícito que los generosos donadores nos indican y no lo hacemos o si pedimos y hasta imploramos esa ayuda pero además exigimos que no se nos obligue a utilizarla como ellos quieren sino como nosotros deseamos, sin otorgarles la posibilidad de que nos controlen o nos auditen, o peor aún, intervenir en nuestra decisión de hacer lo que nosotros queramos con esa gentileza, plasmada en cosas materiales o en dinero efectivo, ¿estamos actuando de manera coherente?

Si vemos desde la ética, 'herramienta' ya no muy usada en estos días, principalmente por su alejamiento de las leyes y normas; el fruto de lo recibido, debido a la desgracia: ¿debería cubrir solo la desgracia actual o debería financiar lo actual, lo anterior y sus colaterales? 
¿Si estamos en crisis, debemos amarrarnos los pantalones o seguir con nuestro gasto habitual? 
¿Mi posición debe ser respetuosa y humilde, no, tan solo por el luto de la situación de desgracia,sino por el agradecimiento a la solidaridad de todos?
¿debo yo cubrir toda la brecha causada antes de que la desgracia fortuita me haya llegado, sin que nadie se pronuncie sobre mis actos o solamente el costo de aquel evento? 
¿El fruto de la solidaridad es mío o es un capital que debe ser respetado hasta el último centavo e invertido específicamente en el objetivo de solucionar aquella crisis puntual? 
¿Debo informar a las mujeres u hombres generosos que nos apoyaron?
¿Debo cambiar de actitud o debo ser aquel ser impetuoso e insensible para sentirme infranqueable y no decaer mi ego? 
¿Soy la causa de tanta solidaridad o soy el que debe generar el éxito de la entrega completa y eficiente de lo recogido? 
¿Es tiempo de generar representatividad o de trabajar con liderazgo y consenso?
¿Debo pensar en el mañana de todos o en 'mi mañana'?
¿Debo acallar las voces de los que no piensan como yo, la de los chismosos, la de los mete cuentos; no es crear más problema al problema? 

Y por otro lado, si todos piensan como yo ¿será que me están ayudando o que no piensan? 

Porque al final de toda esta historia, ¿no será que el que cargue con todo seré yo?

Emular a Bonaparte y decir que "el pueblo soy yo" también trae a la mente que existen Waterloos, que si yo no estoy más allí, la desgracia sí lo estará. 



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