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Equilibrio mental y fortaleza caracterizan a un padre de tres hijos, viudo y agente anticriminal

Posted: 18 junio, 2017 a las 9:10 am   /   by   /   comments (0)

Quito.- Los tiempos se agotan y la presión y el cansancio tienen forma de ojeras. Esteban no puede perder su objetivo: una red narcotraficante que pretende transportar cocaína de Sucumbíos a las costas ecuatorianas. Es un cargamento importante con destino a Centroamérica.

El estrés aumenta cuando recibe un mensaje en su teléfono, de su hijo menor, diciéndole que no se olvide de comprar las cartulinas para un trabajo en el colegio. Es tarde y no hay papelerías cerca, en el norte de Quito.

El ‘blanco’ no se puede descuidar, y una calificación de su hijo, tampoco. Tiene que pensar en todo y en todos, al mismo tiempo. Cualquier mala decisión tiene consecuencias catastróficas, desde que se caiga la investigación antidelictiva de tres semanas, hasta una enérgica ‘ley del hielo’ por parte de su hijo de 12 años.

Pero el equilibrio mental es la fortaleza y la mejor ‘arma’ del agente Esteban, nombre de combate contra el crimen organizado. Su historia no es la de un viudo común. Es la historia de un viudo policía, agente operativo, analista de información antinarcóticos y padre de tres adolescentes.

La vida de este ambateño de 41 años se puede resumir en tres palabras: responsabilidad, amor y paciencia. Según sus compañeros, otros agentes operativos, cualquier ‘mortal’ pudo volverse loco, adquirir algún vicio o simplemente buscar el suicidio, con todo lo que ha tenido que pasar Esteban. Pero no, el hombre está cuerdo y es parte de la Unidad de Lucha contra el Crimen Organizado (ULCO) de la Policía Nacional, desde hace ocho años.

Esteban nunca quiso ser policía. Su sueño era convertirse en médico o laboratorista. Pero el ejemplo de su padre, un sargento retirado, lo sedujo. En 1997 ingresó a la Institución policial, a la que considera como un amor más que demandante, un sacerdocio, un vicio que no puede dejar.

Su carrera empezó en la clandestinidad, en la Unidad de Investigaciones Especiales (UIES), que luego se convirtió en ULCO. El trabajo ‘entre las sombras’ lo llevó a investigar y detener a Juvenal Ovidio Ricardo Palmera Pineda, conocido como ‘Simón Trinidad’, miembro del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el 4 de enero del 2004, una de las participaciones más recordadas por el agente.

“Eran los años de relativa estabilidad”, comenta Esteban. No había tiempo para la familia. Estaba casado con su Unidad y con todas las responsabilidades de desbaratar estructuras criminales. Su esposa Sandra y sus hijos estaban casi en segundo plano y su carácter no era uno de los mejores dentro del hogar. “Era un cascarrabias y muy recto con mis hijos”, dice.

Pero la vida le tenía preparado un examen de paciencia, de humildad y resistencia. Su esposa adquirió Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad degenerativa de tipo neuromuscular. “Todo cambió desde la enfermedad, fueron los años más difíciles”, comenta mientras se sienta en el sillón de su casa.

Ya no solo era la preocupación de descubrir los cargamentos de droga o capturar a terroristas. La presión se duplicó porque tenía que luchar en otro frente, que era el tratamiento de la enfermedad de su esposa y el cuidado de sus hijos. Tres frentes, de los cuales, ninguno podía descuidar.

Las horas de sueño se redujeron a dos al día. Sus pensamientos eran un bagaje diario de preocupaciones que iban entre la compra de la comida en casa, los deberes de los niños, la presentación de informes delictivos, los medicamentos para su esposa, los seguimientos a los líderes de las organizaciones.

“No sé cómo he podido soportar tanto estrés, creo que es por mi carácter fuerte”. Los últimos años fueron los más difíciles, porque al regreso del trabajo tenía que asear a su esposa y hacerla dormir. Para entonces, ella había perdido la movilidad de todo su cuerpo y el habla. Ya no podía ser el mismo de antes, el cascarrabias, el recto con sus hijos, la paciencia y la humildad llegaron a su vida.

A pesar de ello no podía descuidar su trabajo. La Unidad era muy demandante. Es así que también estuvo en la detención de alias ‘Garfio’, un expolicía muy peligroso involucrado en el narcotráfico. “Quizá también el trabajo me hacía olvidar los problemas en casa”, dice Esteban.

Uno de sus jefes dice que la vida de un agente operativo de unidades de élite es muy complicada. “Si para los solteros es difícil, para los casados es complicado, para los policías viudos y con hijos es de valientes, más aun si están en un edad complicada como la adolescencia”.

Fue tan demandante su trabajo que no pudo estar presente cuando su esposa falleció, en el 2014. “Estaba en mis labores diarias, estaba en un tráfico terrible y llegué a las tres horas”, cuenta. Al escuchar esta historia, su hija llora al extremo de la sala.

Desde ese momento han pasado tres años, y Esteban argumenta que quiere recuperar el tiempo perdido. Su gran amor ahora son sus hijos y la Unidad, en ese orden. A pesar de que sus vástagos le dicen que tiene que rehacer su vida porque está joven, él asegura que no es el momento, no está en capacidades para aguantar un matrimonio.

Lo de cascarrabias “es cosa del ayer”. Lo cambió por disciplina. Sabe que el futuro de sus hijos de 19, 17 y 12 años está en sus manos, en su paciencia, en su trabajo. No puede darse por rendido aunque ha bajado de peso y las ojeras se han convertido en parte de su aspecto diario.

Los adolescentes lo abrazan no solo como su padre, sino como su amigo y su confidente. “Mi papá es mi orgullo, mi ejemplo a seguir, es nuestro héroe, nunca nos abandonó y nunca lo abandonaremos”, dicen los jóvenes. Él les devuelve el cariño con salidas al cine sorpresivas, con mensajes de agradecimiento por mantener limpia la casa.

Si vivir es complicando, morirse es más. Hasta el momento, Esteban continúa pagando préstamos que iban destinados al tratamiento de su esposa, pero no reniega de eso, sabe que ella vive en sus hijos y en una fotografía de toda la familia en un lugar especial de la casa. Allí, junto con un juego de ajedrez, Esteban comenta que ya no teme a los delincuentes, ni al crimen organizado, lo que más teme es salir al trabajo y no volver a preparar el desayuno a sus tres amores, ni comprar las cartulinas para sus deberes. Redacción O. R. /Quito.

Fuente y foto: Ministerio del Interior

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