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Cerrar las puertas con dignidad‏

Tiempos duros
Posted: 12 febrero, 2016 a las 8:44 am   /   by   /   comments (0)
En el mundo empresarial, social y por qué no en la vida misma, es necesario evaluar de manera permanente si estamos avanzando, cumpliendo metas o quizá identificar, corregir y replantear las estrategias que hemos determinado.
Cuando los tiempos duros y de vacas flacas comienzan, es muy común en las empresas, tomar correctivos con personas de la parte baja de la escala, proyectar los fallos o las deficiencias de la planeación, estrategias y procesos de la plana ejecutiva a la parte operativa, vendedores y personal.
En la vida personal, esta proyección se la hace a la pareja, los amigos o los cercanos.
En lo social y en política, se observa que siempre está al alcance de la mano un enemigo, un opositor o alguien que ya no está presente, a lo mejor ya abandonó este mundo.
Esta táctica de proyección funciona muy bien y puede ser empleada durante largos años. Entre creyentes y seguidores pega bien el ‘buscar un culpable’, persona, animal, hecho o cosa. La culpa es de la vaca.
Basta con velar que los menos poderosos no tengan suficiente voz, que su valía personal sea puesta en duda ante los ojos de los demás.
Si los errores, las faltas, persisten y no se ha reflexionado de manera honesta, tomando las medidas necesarias para un entendimiento cordial y fructífero de todos los actores y la lógica mejora de los procesos, solo se crea un ambiente tenso y una atmósfera de desconfianza, de pérdida de credibilidad de los concernidos y sus consecuentes implicaciones económicas.
Se tiende a poner en práctica técnicas de acercamiento, de contentamiento, de apaciguación, de consenso, o lamentablemente también de coerción, de amedrentamiento.
Las partes seguirán en un proceso de desmotivación continua, cayendo en un descenso abrupto de productividad y relacionamiento.
Al no haber tomado, a tiempo, las directivas y cambios de políticas acertadas, los problemas reales siguen presentes, a veces latentes y muchas otras veces, se vuelven explosivos. Siempre son dañinos.
Aparece entonces un desgaste, un cansancio, los escenarios comienzan a tornarse virulentos, complicados; las excusas, los distractores, las justificaciones, los recortes de gastos y personal ya no causan temor, pierden impacto. Los actores movidos por la desesperanza, las falencias, la falta de consideración y respeto se vuelven más irascibles, buscan otros valores a pesar de su miedo. Aquí rige aquel adagio: ‘Todo cae por su propio peso.’ Se provoca una crisis, una ruptura irreconciliable.
Sin embargo y considerando la buena voluntad y la buena fe de los seres humanos, existe una manera más digna de cerrar puertas, siempre con la confianza de saber que con la experiencia adquirida se abrirán nuevas puertas y sobre todo con la convicción de que todo error nos permite crecer, nos aporta el conocimiento y la vivencia necesarias y fértiles para superar nuestras limitaciones y enfrentar nuevos desafíos en un ambiente favorable, agradable y con la aceptación de los públicos.
Además, ¿a quién le gusta terminar una relación en malos términos?
La siguiente historia de los dos sobres es muy enriquecedora:
“Hace algunos años, Billy Martin, entrenador de los New York Yankees, fue despedido tras una cadena consecutiva de errores.
Su sucesor, Yogi Berra, un día, en su despacho encontró dos sobres cerrados que decían: “Para mi sucesor”.
El número 1 estaba escrito en un sobre y un 2 en el otro. Una frase añadía: “Abrir solo en caso de emergencia.”
Berra no empezó con buen pie y su equipo perdía partidos uno tras otro. Cuando la tensión comenzó a sentirse, Berra decidió abrir el primer sobre.
Dentro había un papel que decía “Échame a mí toda la culpa”. Y eso es exactamente lo que Berra hizo.
El equipo comenzó a salir a flote, pero cuatro semanas después estaba de nuevo al borde del abismo.
Berra decidió abrir el segundo sobre, que para su sorpresa, decía: “Prepara dos sobres.”
– del muro de Facebook de Oscar Marcos Gómez
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